Sisyphus

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Sisyphus Sisyphus [Asthmatic Kitty / Joyful Noise; 2014]

En el concierto de 2010, en el Olympia de París, Sufjan Stevens bromeó, a propósito de las teclas, pedales y aparatejos varios que lo rodeaban en el escenario, diciendo que ya no era capaz de sentarse con una guitarra y componer canciones de estrofa-estribillo-estrofa, que estaba enredado en nuevos métodos competitivos y que no le faltaba sino emular a Kanye West, agarrar el auto-tune y hacer un disco de hip-hop: Risas generalizadas de la audiencia…

Pero ya ven, no era una broma y aquí esta el disco de hip-hop de Sufjan Stevens. Bien es verdad que para ello se ha ayudado, en primer lugar, del flow de Serengeti –¿o es que alguien se podía imaginar a Sufjan rapeando?– y, en segundo lugar, del compositor de música electrónica y fabricante de beats para Anticon, Ryan Lott, líder de Son Lux. Juntos han dado a luz al proyecto Sisyphus confeccionado un álbum de hip-pop sinfónico con el que he salido a caminar las últimas mañanas y que se ha ganado un hueco de honor en mi Olimpo de freakadas sufjanstevensianas particular. Y es que por más Sisyphus que esto sea, para mí este es el disco –¿la broma cumplida?– de hip-hop de Sufjan Stevens. Sin duda, la cosa arranca compositivamente del magistral The Age of Adz –y sobre todo de la inmensa (¡25 minutos!) “Impossible Soul”. La mayoría de los temas están montados sobre ese concepto de suite de folk-pop avantgarde tan propio de Stevens, en el que muestra su magistral sentido de la orquestación, su manejo de los coros, su capacidad para los más inesperados giros melódicos y su personal visión de la “canción río”. En un primer momento el disco desconcierta un poco y puedes pensar que es más un artefacto estrambótico que una obra orgánica: que cada “cosa” va por su lado. Pero solo cuando asumes que es, por encima de todo, un disco de Sufjan Stevens las cosas empiezan a tomar forma, a organizarse y a dejar salir el álbum gigantesco que Sisyphus lleva dentro. Te sorprendes pasando con una fluidez más que natural del rap, al pop y de ahí al folk, al rhythm & blues y a la electrónica para volver de nuevo al hip-hop, todo ello envuelto en la gigantesca orquestación –fanfarrienta por momentos– salida de la mente alucinada de Sufjan Stevens y de su grandilocuencia alt-indie-naife.  Muy probablemente no interesará a los amantes del hip-hop ni contentará a los de Sufjan, para los primeros será más bien una broma de mal gusto, para los segundos, después de 4 años de espera — y caja de 5 CDs de villancicos mediante– un mal sueño. Galatea, fiel admiradora y rendida también ante este disco, lo ha definido a la perfección: “Suf-hop”, y yo, la verdad, no tengo nada más que añadir a eso…

“Alcohol”

“Booty Call”

“Calm It Down” (extracto…)

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