Mac DeMarco

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Mac DeMarco Salad Days [Captured Tracks; 2014]

El canadiense Mac DeMarco irrumpió en nuestras vidas en 2012 con dos discos cargados de  guitarras herederas del Coney Island Baby, del espíritu libre y naif de un Jonathan Richman y, sobre todo, de un puñado de espléndidas canciones; con esa presentación nos entusiasmó y pasó a engrosar las filas de nuestros freakys favoritos, e incluso se coló en “lo que fue la lista” de aquel año. Estos días regresa con un nuevo LP (casi su sofomoro, si tenemos en cuenta que lo primero era un EP), y como suele suceder las expectativas eran muchas. En un primer momento, y felizmente, la cosa parece arrancar donde lo dejaron los álbumes anteriores, y los dos primeros temas tienen de nuevo su ADN en el Coney Island Baby y la frescura de los Modern Lovers (y mucho bajo Fernando Sanders), pero el disco no va seguir por esos derroteros –o, al menos, no solo–, y es que, sobre todo en la segunda mitad, empiezan a aparecer unos sintes y unos teclados que, en un primer momento, desconciertan: DeMarco evoluciona. Pero ¿hacia dónde? Quizás hacia una mayor complejidad y abriendo su paleta sónica hacia un mundo algo más saturado y más producido (aunque sin abandonar el punto lo-fi), que deja una sensación algo confusa, acercándolo a los retro-territorios de un gurú del vintage como Ariel Pink. Todo esto, en CSD, ha resultado casi más decepcionante que estimulante y, aunque no nos haya resultado un mal disco, no ha cubierto las expectativas que pusimos en él al enterarnos de que DeMarco regresaba en 2014. Y, realmente, no por la evolución de la que hablamos ni por ninguna otra zarandaja que se nos pueda ocurrir, sino simplemente porque le faltan las canciones y es que la gran diferencia de Salad Days con Rock and Roll Night Club y, sobre todo, con 2, está en algo tan simple (y tan imprescindible) como la inspiración; así, en Salad Days faltan muchas de las pequeñas piedras preciosas sin pulir que aparecían por todas partes en esos dos trabajos anteriores. Tan sencillo como eso. Lo oiremos más, posiblemente descubriremos nuevos detalles, los sintes nos parecerán simpáticos guiños y algunas canciones, especialmente la Lennoniana “Passing Out Pieces”, adquirirán valor con las escuchas, pero cuando un disco como este no emociona a la primera (o a la segunda) es difícil que encuentre un sitio en tu corazón, pero ojalá nos equivoquemos…

“Salad Days” (versión acústica para Estudio Rolling Stone)

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