King Dude

ROESV41King Dude Fear [Not Just Religious Music; 2014]

Me gusta este disco. No lo encuentro especialmente novedoso ni sorprendente. Ni siquiera logra perturbarme esa patina amenazadora y siniestra con la que abre Fear y que en general envuelve todo lo que he escuchado de King Dude hasta la fecha. Así y todo, me parece un álbum muy recomendable y digno camarada de algunos de mis discos preferidos de la música popular más sombría y funesta: Uuuuuuu… death country, southern gothic, dark americana, swamp rock, dark blues, gothic rock o como quieras llamarlo. Da igual, lo destacable de este aquelarre protagonizado por Thomas Jefferson Cowgill, el siniestro rey que gobierna este proyecto, es que ha rescatado algunos elementos característicos de esos subgéneros musicales tan oscuros y le ha quedado de muerte. El miedo no es para tanto, pero el conjuro le ha quedado bien sabroso. Puede parecer todo bastante aterrador, letras y portada incluidas, pero créanme, no lo es. Los que ya le seguían la pista probablemente lo encontrarán musicalmente menos terrorífico y crudo que Burning Daylight (2012). Al resto, los que aún no se han acercado a su trabajo, tampoco creo que les infunda mucho miedo. En este disco, salvo algún que otro buen petardazo cow punk (o similar en Austria) –otra que le ha quedado muy gothic rock y que me recuerda a Temple of Love-92 de Sisters of Mercy–, y una canción con un puntazo death metal que me ha hecho tilín, en general lo que más abunda son conmovedoras baladas que, como mucho, tienen un finísimo olor a azufre y otros tantos medios tiempos con cierta atmósfera oscura en la onda de algunos de tus discos de cabecera. Bueno, solo si has tenido en esa lista a Jay Munly, Those Poor Bastards, Nick Cave & The Bad Seeds, Micah P. Hinson, Tex Perkins, The Gun Club, Reverend Gasseye, Rowland S. Howard, The Birthday Party, Sons of Perdition o Mark Lanegan, entre otros. Si es así, aquí encontrarás esos pellizcos, tanto si eres de Johnny Cash como si eres más del rollo Bauhaus, que, como ya habrás podido intuir, también hay algo de eso en Fear. En definitiva, este es un disco caracterizado por esa diversidad, estupendamente empastado y favorecido por el registro de barítono que T.J. Cowgill adapta según lo maligna o inocua que sea la canción. Ya me contarás si te deslizaste en este fango y si te gustó la experiencia. Si no, ten cuidado con los sapos.

 

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